Saltar al contenido de la página

De un vistazo

Compuesto: 1993-94

Duración: c. 30 minutos

Orquestación: 3 flautas (3ª=piccolo), 2 oboes, corno inglés, 3 clarinetes (3ª=bajo), 2 fagotes, contrafagot, 4 trompas, 3 trompetas, 4 trombones, timbales, percusión (bombo, carillón, glockenspiel, marimba, árbol de marcas, triángulo pequeño, platillo suspendido, tam-tam, triángulo, tambores afinados, vibráfono), arpa, piano (=celesta), cuerdas y violonchelo solista.

Primera actuación de la Filarmónica de Los Ángeles: 24 de febrero del 2002, John Williams al frente

Sobre esta pieza

Mi concierto para violonchelo surgió de una sugerencia de Seiji Ozawa de que escribiera una obra para violonchelo y orquesta pensando expresamente en Yo-Yo Ma. Las conversaciones sobre este proyecto se desarrollaron y la Sinfónica de Boston accedió a encargarme la obra, solicitando que se estrenara en la inauguración de la nueva Sala Ozawa en Tanglewood, MA, durante el verano de 1994; dirigí la primera interpretación con Yo-Yo Ma como solista. 

Conocía a Yo-Yo Ma desde bastantes años antes de este acontecimiento. Juntos habíamos interpretado conciertos de Elgar, Dvořák y Haydn, entre otros, y en varias ocasiones le había acompañado al piano. A lo largo de los años nos habíamos hecho muy amigos, y yo esperaba escribir para él con gran placer. Dado el amplio arsenal técnico y expresivo disponible en la obra de Yo-Yo, planificar el concierto fue una gozada. Decidí que tuviera cuatro movimientos bastante extensos que ofrecieran tanta variedad y contraste como fuera posible, pero que pudieran tocarse de forma continua y sin interrupciones. 

El primer movimiento, Tema y cadencia, tras una salva inicial de metales, sitúa inmediatamente al violonchelo en una especie de papel de héroe, convirtiéndolo en el incuestionable centro de atención. Es un movimiento que intenta exhibir el violonchelo en el sentido consagrado de "concierto", y a medida que se desarrolla el tema del héroe, se "transforma" en una cadencia en la que intenté crear una oportunidad para la exploración del tema que fuera a la vez rumiativa y virtuosística. 

El segundo movimiento lo llamo Blues..... En mi mente, y sin ningún impulso consciente por mi parte, los fantasmas de Ellington y Strayhorn parecían revolotear por la atmósfera. Invitados o no, para mí era una compañía muy grata. Creé grupos de piano y percusión que formaban un marco en el que el violonchelo desvelaba sus brumosas cuasi improvisaciones. 

El Scherzo es velocidad, destreza y prestidigitación. La música corretea en compás triple sobre un paisaje traicionero en el que los intercambios atléticos se ven interrumpidos periódica y repentinamente por una serie de fermatas, mientras la orquesta y el violonchelo intentan dominarse y superarse mutuamente. Hay un breve tutti en el que parece que la orquesta va a imponerse, pero el violonchelo la supera. 

Al pensar en el final del concierto, siempre fui consciente de que la capacidad de Yo-Yo para "conectar" personal e incluso privadamente con cada individuo de su público es quizá el mayor de sus abundantes dones. Por eso, en Song, el final del concierto, intenté crear largas líneas líricas que dieran al violonchelo la oportunidad de dirigirse al público a modo de soliloquio claro y directo. 

Cualesquiera que sean las virtudes del concierto, nunca podrán superar, para mí, la experiencia de conocer y trabajar con Yo-Yo Ma. Felizmente, y con toda justicia, el mundo ama y venera a este hombre, al igual que yo, y trabajar con él es siempre un viaje gozoso que hay que atesorar. -John Williams