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Sobre esta pieza

Con algunas ediciones publicadas refiriéndose a él como un "preludio", el movimiento de apertura de la Tocata y Fuga en Fa, BWV 540, comienza abruptamente como un estudio en movimiento perpetuo con una actividad interminable y hasta agotadora de la nota 16, interrumpida sólo ocasionalmente por pasajes de acordes y síncopas. Como en la implacable e hipnótica música de órgano, los largos pasajes de pedaleo favorecen más la técnica del organista con hábiles pisotones que el uso fluido del talón y la punta. Después de que todas estas ideas son introducidas, un desarrollo grandioso sirve como la sustancia principal de la obra.

Como su contrapartida más tenue, la fuga se compone de un tema de notas enteras y medias lentas y deliberadas como si fueran bloques de construcción rudimentarios. El resultado coral se transforma rápidamente en una textura estable de corcheas, desafiando la capacidad del oyente para detectar el sujeto de la fuga.