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De un vistazo

Compuesto: 2024-25

Duración: c. 12 minutos

Orquestación: 3 flautas (2ª=piccolo, 3ª=flauta contralto), 3 oboes (3ª=corno inglés), 3 clarinetes (3ª=clarinete bajo), 2 fagotes, contrafagot, 4 trompas, 3 trompetas (1ª=trompeta piccolo), 3 trombones, tuba, timbales, percusión (crótalos, platillos, rin japonés, cuenco de templo, copas de vino, arco zumbador, claves, campana de elefante, gongs, campanas de chamán coreanas, árboles de marca, campanas de trineo, espirales de muelle, platillos suspendidos, tam-tams, hoja de trueno, triángulo, waldteufel, bloques de madera, árboles de campanas, cabasa, palo de lluvia, carraca, caja de arena, pandereta, carillones, vibraslap, platos de campana, castañuelas, cencerros, campanas de cristal, gong, maracas, caja, steel pan, temple blocks, waterphone, bongos, bombo, flexatone, frog rasper, rute, vibráfono, campanas tubulares), arpa, piano, celesta y cuerdas.

Sobre esta pieza

En 2016, cuando aún era estudiante en el Royal College of Music, tuve la oportunidad de componer una pieza en colaboración con la National Portrait Gallery de Londres. Me inspiré en el retrato de un recién nacido, que me llevó a reflexionar sobre el paso del tiempo. En la mirada del bebé, percibí no sólo el tiempo de su comienzo, sino también el tiempo dentro de mí y el tiempo que nos rodea. Esta fascinación se profundizó con mi encuentro con la película Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera, de Kim Ki-duk, que explora la naturaleza cíclica de la vida. Me llevó al concepto budista de samsara: el ciclo de nacimiento, retorno y renacimiento, en el que el tiempo fluye como un continuo ininterrumpido y en constante evolución.  

Esto me inspiró para componer Primavera para flauta, clarinete y violonchelo, con el objetivo de evocar la idea del nacimiento y el retorno a través de modos cambiantes, explorando al mismo tiempo diversas cualidades temporales para captar la vitalidad de la estación. En aquel momento, imaginé esta pieza como la primera de una obra mayor, un ciclo de estaciones que exploraría el paso del tiempo y las transformaciones internas que lo acompañan. 

Con el paso del tiempo, la idea de un ciclo de estaciones siguió evolucionando. Casi una década después, tras el fallecimiento de mi abuela, a la que apreciaba mucho, en la primavera pasada, sentí que había llegado el momento de dar vida a la idea de la primavera, ahora moldeada por mi experiencia personal de pérdida.  

Mi abuela había dejado su pueblo natal de Haeju, ahora en Corea del Norte, a los 20 años y nunca pudo volver antes de su muerte. A menudo hablaba de lo mucho que echaba de menos a sus padres y hermanos, y de la belleza de su pueblo natal, con las flores de primavera floreciendo en las laderas de las colinas. Tras su muerte, sentí la necesidad de canalizar ese dolor imaginando el paisaje primaveral que ella tanto apreciaba y que emergía tras un largo y frío invierno.  

En esta pieza quise captar la sensación de nacimiento y retorno empleando estructuras armónicas cambiantes, como el círculo de quintas y los modos pentatónicos. Estos elementos se transforman y evolucionan a lo largo de la obra, como las ramas de los árboles, reflejando la naturaleza cíclica y siempre cambiante de las estaciones. 

Imaginé la orquesta no sólo como un lienzo, sino como un espacio multidimensional en el que los sonidos viajan de un espacio a otro, cambiando y transformándose constantemente. En ese espacio, tracé tanto el paisaje de la primavera como el mundo interior de mi abuela, su silencioso anhelo por la primavera que nunca llegó. Si la primavera llega de verdad o nos quedamos en invierno es algo que queda abierto, como el anhelo de mi abuela de volver a casa, que nunca tuvo respuesta. -Whan Ri-Ahn