Mujer Arena
estreno mundial
Comisión LA Phil
con el generoso apoyo del Dr. William M. Duxler
Sobre esta pieza
«Mujer Arena» se inspira en algunos elementos de mi cuarteto de cuerda más reciente, «Mujer Ángel», dedicado a la gran fotógrafa mexicana Graciela Iturbide. Desde el primer momento en que descubrí su obra fotográfica, tuve claro que la esencia de su creatividad está profundamente ligada a sus raíces, así como a una forma única de asimilar su entorno social y cultural.
Me llamó especialmente la atención una de sus fotografías titulada «Mujer Ángel». Se trata de una imagen profundamente enigmática y poética: una mujer seri camina de espaldas a la cámara por el inmenso desierto de Sonora, con un radiocasete de los años setenta en la mano.
Los seri son un pueblo indígena que vive en el estado mexicano de Sonora. Se autodenominan «hombres y mujeres de la arena». Son conocidos por no haber sido nunca conquistados ni evangelizados, lo que les ha permitido conservar una fuerte identidad cultural estrechamente ligada al desierto y al mar. En la actualidad, los seri constituyen una pequeña comunidad (de entre 800 y 1000 personas) que se enfrenta a importantes retos relacionados con la preservación cultural, económica y medioambiental.
En «Mujer Arena», he querido evocar la inmensa fuerza y sensibilidad de las mujeres seri. La obra consta de dos secciones contrastadas. La primera se desarrolla en una atmósfera musical marcada por la soledad y la imponente presencia del desierto y el mar, que constituyen sus principales fuentes de inspiración.
La segunda sección parte de un canto a capela interpretado por una mujer seri, que se utiliza para dar la bienvenida a quienes llegan de fuera. A lo largo de esta sección, este material sufre una transformación rítmica, volviéndose cada vez más complejo y rápido, lo que representa metafóricamente la transición de los seri entre su modo de vida tradicional y la modernidad.
Es también un homenaje a esta cultura que, a pesar de su aislamiento histórico, constituye una de las expresiones culturales más antiguas y bellas de América.
Mi idea es que esta obra, junto con mi obra «Kauyumari», forme parte de una especie de «Suite del desierto». La obra está dedicada a la Filarmónica de Los Ángeles y a su director musical y artístico, Gustavo Dudamel.
En un sentido simbólico, me inspiro en la idea del canto de bienvenida de los seri —que tradicionalmente se ofrece a quienes llegan de fuera— como un eco de la calidez y la generosidad con las que esta gran orquesta y su director acogieron mi obra musical. Esta pieza se convierte así, a su vez, en un gesto de gratitud: una canción de bienvenida que ahora ofrezco con mi propia voz.
-Gabriela Ortiz