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De un vistazo

Duración: c. 13 minutos

Sobre esta pieza

El afecto de Hindemith por los instrumentos de "soplo" no era sólo de boquilla: su extenso catálogo está abundantemente salpicado de obras protagonizadas por los vientos. Entre ellas destacan las sonatas con piano para, por orden cronológico de composición, flauta, oboe, fagot, clarinete, trompa, trompeta, corno inglés, trombón y tuba. Antes de embarcarse en las sonatas, reunió a cinco vientos -flauta, oboe, clarinete, fagot y trompa- en un quinteto aventurero. 

El quinteto, con el título "Pequeña música de cámara", apareció en 1922; su primera Kammermusik, Op. 24, nº 1, escrita ese mismo año, era para una pequeña orquesta que incluía acordeón y una sirena. Esta primera Kammermusik encontró al compositor examinando al ruso-parisino Stravinsky bajo su microscopio (el primer movimiento es neo-Petrushka) y coqueteando con el jazz (un movimiento se titula "Shimmy", otro "Ragtime"), así como con la politonalidad. Se podría concluir que parecía decidido a sacudir a su público. 

Una vez sacado de su sistema este extraño comportamiento, Hindemith relajó considerablemente su afán experimental para el quinteto de viento, pero sin perder de vista a Stravinsky. El timbre seco y cáustico de los vientos se adapta perfectamente a los materiales esbeltos, elegantes e impersonales que hablan la lengua neoclásica de Stravinsky, traducida a lo que se convertiría en el lenguaje característico de Hindemith. Se trata de una música que, al tiempo que invoca los divertimentos de viento al aire libre del siglo XVIII, se burla de las indulgencias sonoras y emocionales de finales del siglo XIX. 

La apertura del primer movimiento establece el tono acre y cerebral que impregna la obra. El tema principal interpretado por el clarinete consta de tres motivos sometidos a expansión, desarrollo y repetición, esta última mediante el tipo de figuras de ostinato obsesivas sobre las que Stravinsky tenía una patente vitalicia. Un tema contrastante en oboe sugiere una relajación de la tensión, aunque el ritmo propulsivo de tres notas de la apertura proporciona una locomoción enérgica a su incipiente lirismo. Tras una repetición del tema principal (en oboe, con una figura bufonesca en clarinete), el fagot recuerda la melodía lírica, y entonces el movimiento termina en una voluta de humo caprichoso y disonante. 

El segundo movimiento baila un vals satírico, mientras que el tercero tiene un carácter fúnebre y arcaico. El breve interludio que sigue, en realidad sólo un puente hacia el final, explota las notas repetidas que Hindemith aprovechó con tanto gusto en los movimientos precedentes. En sus escasos 23 compases, cada uno de los instrumentos tiene una minicadenza, con las figuras de notas repetidas formando el tejido conectivo. El torbellino del último movimiento es fríamente sofisticado, vigorosamente sincopado y erizado de ostinatos y notas repetidas ya familiares. -Orrin Howard