Adagio for Strings
Sobre esta pieza
Cuando Samuel Barber murió en 1981, puede que su nombre no fuera tan familiar para el gran público como el de George Gershwin o incluso el de Aaron Copland. Pero pudo igualarlos, o incluso superarlos, en el éxito alcanzado por una de sus composiciones, el Adagio para cuerdas: un éxito "crossover" mucho antes de que esa expresión se hubiera puesto de moda.
El Adagio para cuerdas está vinculado a uno de los grandes nombres de la dirección de orquesta, Arturo Toscanini, que presentó su estreno mundial con su Sinfónica de la NBC en una emisión a escala nacional (5 de noviembre de 1938) y luego la llevó, como única obra de un compositor estadounidense, de gira por Sudamérica con la orquesta.
Fue un éxito desde el principio, pero no como música para una gran orquesta de cuerda. La pieza nació como el movimiento lento -marcado como "Molto adagio"- del único cuarteto de cuerda de Barber, escrito en 1936 mientras su compositor era miembro de la Academia Americana de Roma. El estreno de esta obra fue tan glamuroso como el del movimiento lento orquestal dos años más tarde; los intérpretes fueron el Cuarteto Pro Arte, tan célebre en su mundo íntimo como Toscanini en su vasto escenario.
Música de austera grandeza, el Adagio, en arreglo del propio compositor para orquesta de cuerda, se ha asociado ampliamente con ocasiones solemnes, entre ellas los funerales de Franklin Delano Roosevelt, Albert Einstein y la princesa Grace de Mónaco. Sin embargo, alcanzó su mayor audiencia como leitmotiv de fondo en Platoon, la película de Oliver Stone de 1986 sobre la guerra de Vietnam.
La partitura, de siete minutos de duración, sólo contiene ese único tema memorable, anunciado por los primeros violines y que se eleva por pasos, repetido por las violas -en imitación canónica- y cedido después a los violonchelos, que oscurecen aún más el ambiente, tras lo cual los violines se elevan hasta un angustioso clímax de registro agudo antes de una pausa dramática, que da paso a una repetición final del tema por los violines y las violas en octavas antes del tranquilo y reverencial final.
- Herbert Glass