Sonata para violonchelo n.º 1 en si bemol mayor, Op. 45
De un vistazo
-
Longitud
unos 25 minutos
Sobre esta pieza
En la segunda mitad de la década de 1830, Felix Mendelssohn se vio desbordado por sus múltiples responsabilidades musicales. Llevó de gira su innovador oratorio de San Pablo de 1836, con el que revivió la presentación de obras narrativas a gran escala que combinaban lo sagrado y lo profano. Actuó en festivales por toda Alemania y fue director de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig. También comisarió una serie de "conciertos históricos" centrados en la música del pasado de figuras como J.S. Bach y Beethoven, una novedosa estrategia de programación para la época. En octubre de 1837, su hermano Paul, banquero y hábil violonchelista aficionado, se quejó de estar ansioso en su tiempo libre, y Félix le contestó expresando su ambivalencia respecto al éxito y a estar siempre ocupado: "Cuanto más encuentro lo que se llama estímulo y reconocimiento en mi vocación, más inquieta e inestable se vuelve en mis manos, y no puedo negar que a menudo anhelo ese descanso del que te quejas..... Parece, sin embargo, que esto no va a ser así, y sería un desagradecido si estuviera insatisfecho con mi vida tal como es."
En esa misma carta, Félix hizo una promesa a Pablo, quizá con la esperanza de darle algo que esperar en su inquietud: "También tengo la intención de componer pronto una sonata para violonchelo y piano para ti -¡por mis barbas, lo haré!". Ya en 1829, Félix había escrito a Paul algunas variaciones para violonchelo y piano, pero la Sonata en si bemol mayor de tres movimientos que completó en 1838 representaba una propuesta mucho más ambiciosa. Al igual que las variaciones, esta nueva pieza era muy deudora de las sonatas y obras cortas escritas por Beethoven para estos instrumentos. Pero Mendelssohn combinó el sentido de la estructura y el ritmo estrictos que encontramos en la música de Beethoven con una intuición de las capacidades de canto del violonchelo. El resultado fue conmovedor, ingenioso y edificante, sin duda una bendición para el ánimo de Paul.
La Sonata para violonchelo en si bemol mayor comienza con una larga línea tocada en octavas entre el violonchelo y ambas manos del teclado. Es casi austera en su pureza, más parecida a una reserva de intervalos que a una verdadera melodía. Al final de la cadena de notas, el piano toca un pequeño gancho rítmico, una figura punteada y ágil. A partir de esta insinuación juguetona, Mendelssohn construye el efervescente primer movimiento de su sonata. El Andante es una elegante danza en clave menor basada en la misma figura punteada. Para el final, Mendelssohn retoma la austera forma del comienzo de la pieza, pero la armoniza y le da un nuevo carácter rítmico, de modo que se convierte en una dulce y nostálgica cancioncilla. Escuchamos esta melodía una y otra vez a lo largo del movimiento, como si toda la obra hubiera servido para preparar al oyente para esta melodía, antes de que la música se desvanezca en tranquilas cascadas en el piano. -Nicky Swett
La violonchelista, escritora e investigadora musical Nicky Swett tiene un doctorado de la Universidad de Cambridge y trabaja como anotadora de programas para presentadores de conciertos en Estados Unidos y Europa.
Eventos pasados
Sheku Kanneh-Mason & Isata Kanneh-Mason
Recital de celebridades de Colburn