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Chansons de Don Quichotte

  • Jacques IBERT

Sobre esta pieza

Ibert desarrolló su interés por las canciones y la música dramática bastante pronto. Su madre era una pianista consumada, y de joven Ibert comenzó a mantenerse acompañando a cantantes y tocando piano en películas mudas, entre otras actividades. El servicio militar durante la Primera Guerra Mundial interrumpió su incipiente carrera, pero en 1919 ganó el Prix de Rome en su primer intento, y en los años 20 su carrera floreció con éxitos en la ópera, ballet, canciones y música orquestal. En 1931 empezó a componer películas, escribiendo 11 partituras sólo en esa década. Sus partituras más conocidas de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial fueron para el Macbeth de Orson Welles en 1948, y el ballet "Circo" para la Invitación a la Danza de Gene Kelly en 1952.

En 1933 el director Georg Wilhelm Pabst filmó tres versiones separadas del Quijote, en inglés, francés y alemán, con el legendario bajo ruso Feodor Chaliapin, en el papel principal en los tres idiomas. (Chaliapin también había creado el papel principal en la ópera Don Quichotte de Jules Massenet en 1910.) En 1932 Pabst había pedido a varios compositores que contribuyeran con canciones al proyecto, entre ellos Maurice Ravel, que no pudo cumplir con el plazo de Pabst pero que sin embargo escribió las tres canciones de Don Quichotte à Dulcinée, la última obra que debía terminar. Ibert aportó cuatro canciones para el Quijote (y otra para Sancho Panza), que Chaliapin canta en la película y en una grabación con Ibert dirigiendo. La partitura original era para varias fuerzas, desde un pequeño conjunto hasta una orquesta completa, pero Ibert también las arregló para voz y piano.

Los textos de las canciones no son de Cervantes. La "Chanson du départ" es de Pierre de Ronsard, y las otras tres son de Alexandre Arnoux. El poema de Ronsard presenta un nuevo castillo como símbolo de las virtudes caballerescas, e Ibert respondió con una oda deliberadamente antigua, poco acompañada, con melismas vocales que sugieren el florecimiento del español. La expansiva serenata a Dulcinea también toca las bases españolas, y la "Chanson du Duc", un tributo del trovador a la dama de sus sueños, tiene un audaz pavoneo. La última canción es el moribundo adiós del Quijote a Sancho Panza, noble en sentimiento y sonido.

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