Étude-Tableau en si menor, Op 39, No. 4
Sobre esta pieza
A diferencia de Chopin, que compuso los 24 Preludios de su Op. 28 (1838) de un solo golpe, Rachmaninoff tardó 18 años en terminar sus 24 Preludios - en dos series de 10 Preludios Op. 23 (1903) y 13 Preludios Op. 32 (1911), y una en forma aislada. Es poco probable que tuviera alguna idea de que un proyecto de tal envergadura tomaría forma cuando publicó el siempre popular Preludio en Do sostenido menor como parte de Morceaux de Fantasie, Op. 3 en 1893, la obra que trajo un éxito inmediato al entonces compositor de 19 años. El Op. 28 de Chopin puede haber sido su inspiración y modelo, y aunque incorpora todas las tonalidades mayores y menores (aunque en un orden aparentemente poco sistemático), aún así Rach- maninoff distinguió sus Preludios de su estimado predecesor aumentando su longitud en piezas de gran carácter.
Rachmaninoff compuso sus Études-Tableaux (estudios fotográficos), Op. 39 (1916-1917) durante un período de intenso estudio de las obras de su amigo Alexander Scriabin, como parte de su contribución a un recital conmemorativo del difunto compositor; fueron las últimas obras que compuso en Rusia. En estas piezas, el estilo de Rachmaninoff adquirió un perfil melódico más dentado y su uso de la disonancia armónica es mucho más pronunciado que en su música anterior. En cuanto al aspecto Tableaux de estos estudios, Rachmaninoff declaró: "No creo que el artista revele demasiado de sus imágenes. Dejemos que pinten por sí mismos lo que más sugiere".
Tanto en los Preludios como en los Estudios, Rach- maninoff es extremadamente económico en el uso de materiales basados en células melódicas que construye en estructuras multiseccionales. El carácter nocturno del Preludio
El Op. 23, No. 4 presenta una melodía sostenida que se vuelve cada vez más variada pero siempre presente. El estudio en Si menor, Op. 39, No. 4 es principalmente un estudio en acordes de staccato con traste con ar- ticulaciones melódicas de legato y staccato. Preludio en mi menor, Op. 32, No. 4, el más largo y complejo del grupo, se basa en una octava repetida que sube un paso a la vez y un motivo escalar acompañado de acordes de staccato. El preludio en si menor, Op. 32, No. 10 comienza como un patrón siciliano que da paso a una sección media emocional. En el Preludio en Sol menor, Op. 23, No. 5 un conductor Alla Marcia encuentra alivio en un segundo grupo lírico. El estudio en mi bemol menor, Op. 39, No. 5, comienza con un tema apasionante apoyado por unos acordes trillizos impulsivos seguidos de una sección media con una melodía quejumbrosa acompañada de arpegios que también funcionan como un contrapunto melódico.