...de La mañana de la Natividad de Cristo
- John MILTON
Sobre esta pieza
¡Resueneis, esferas de cristal!
Bendecid una vez nuestros oídos humanos
(si tenéis el poder de conmover así nuestros sentidos)
Y que vuestro tintineo plateado
fluya al compás de la melodía,
Y que suene el bajo del profundo órgano del Cielo;
Y con vuestra armonía nonada
forméis un conjunto completo para la sinfonía angelical.
Cuando aquella dulce música
llegó a sus corazones y oídos,
como nunca antes había sido tocada por dedos mortales,
una voz divinamente melodiosa
respondía al sonido de las cuerdas,
mientras todas sus almas se sumían en un éxtasis dichoso:
el aire, reacio a perder tal placer,
con mil ecos prolonga aún cada final celestial.