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Sobre esta pieza
El mismo Liszt declaró, después de convertirse en abad de la Iglesia Católica, "Lo mejor de mí está en mi música religiosa". Sin embargo, el juicio del compositor no ha coincidido con el de la posteridad, que ha puesto el sello de aprobación en el piano conciertos y muchos de sus solos piano y en algunas de sus obras orquestales. Les préludes es uno de ellos, siendo el más famoso de sus 12 poemas sinfónicos. Liszt tenía una convicción muy fuerte sobre el tema de la música de los programas, a saber, que una historia dada es un símbolo de una idea, y que la exposición de los elementos filosóficos y humanísticos inherentes a la idea en puro lirismo debe ser el objetivo.
En teoría, y más a menudo en la práctica, Liszt, de todos los compositores de música de programa del siglo XIX, estaba más cerca de realizar el sentido del prefacio de Beethoven a su Sinfonía "Pastoral": "Más la expresión del sentimiento que la pintura". Por supuesto, Liszt, al igual que Beethoven, con su lluvia y su tormenta eléctrica tan gráficas, accedió a ciertas tentaciones pintorescas específicas. Pero esencialmente la imaginería lisztiana es poéticamente sugerente más que concretamente descriptiva, y se llegó a ella de maneras musicales originales que ejercieron una profunda influencia en todos aquellos, incluyendo a Wagner, dispuestos a aceptar un nuevo orden.
El medio estructural de Liszt para lograr su objetivo fue la creación de una forma libre en la que unos pocos temas básicos experimentan continuas transformaciones de melodía, ritmo, armonía, timbre, dinámica o tempo (cualquiera, o varios, o todos ellos simultáneamente). Así, por ejemplo, un tema de amor Lisztiano puede surgir como una marcha en llamas, o viceversa. Lo primero es precisamente lo que sucede en Les préludes. En la parte culminante, el par de temas líricos etiquetados por Liszt "el amanecer encantado de toda vida" y que contienen el omnipresente motivo de tres notas de la obra, se transforman en crecientes llamadas a la batalla.
Les préludes fue compuesta en 1854 y a ella se añadió una nota de programa escrita por Liszt, indicando que la obra debe considerarse una representación musical de un poema de Alphonse de Lamartine.
"¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios de esa canción desconocida cuya primera nota solemne es tocada por la muerte? El amanecer encantado de toda vida es el amor. ¿Pero dónde está el destino en cuyas primeras deliciosas alegrías no se rompe alguna tormenta?... ¿Y qué alma tan cruelmente herida, cuando la tempestad se desata, no busca descansar sus recuerdos en la agradable calma de la vida pastoral? Sin embargo, el hombre no se permite por mucho tiempo saborear la amable tranquilidad que le atrajo por primera vez al regazo de la naturaleza. Porque cuando suena la trompeta se apresura al poste del peligro, para que en la lucha pueda volver a recuperar el pleno conocimiento de sí mismo y de su fuerza".
- Orrin Howard