Piano Sonata nº 8, Op. 66
Sobre esta pieza
Scriabin estuvo muy influido por Friedrich Nietzsche y la teosofía, y trató de plasmarlo en su música. Sus 10 sonatas para piano -y las seis últimas en particular- son en cierta medida obras programáticas que buscan el éxtasis místico. Para expresarlo, Scriabin desarrolló su propio sistema idiosincrásico de armonía no triádica, algo que parece desconcertar más a los analistas que al público.
Al igual que las seis últimas sonatas, la Octava consta de un único movimiento de varias secciones. Es la más larga de las sonatas y también la más rigurosamente simétrica en su estructura y proporción, con la repetición regular de varios motivos bien definidos. Scriabin, un virtuoso del teclado, explotó toda la gama y sonoridad del instrumento, creando un enorme desafío tanto técnico como conceptual. Scriabin consideraba la pieza profundamente trágica y nunca la interpretó. Pero el efecto de la repetición y la forma simétrica en su paisaje sonoro ricamente coloreado es el de un "tiempo encantado", en el que no hay pasado ni futuro lineales, sólo un ahora mágico. -John Henken
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