Sinfonía No. 4 en fa menor, op. 36
De un vistazo
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Compuesto
1877 -
Longitud
unos 44 minutos -
Orquestación
flautín, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales, percusión (bombo, platillos y triángulo) y cuerdas -
Primera actuación de la Filarmónica de Los Ángeles
5 de diciembre de 1919, con Walter Henry Rothwell como director
Sobre esta pieza
No podía saberlo, pero diciembre de 1876 iba a ser un momento decisivo en la vida de Chaikovski. En ese mes, Nikolai Rubinstein, director del Conservatorio de Moscú, donde Chaikovski era profesor, emprendió otra de sus muchas misiones en busca de dinero, esta vez ante la riquísima viuda Nadezhda von Meck. Para impresionarla con la calidad del Conservatorio y la necesidad de su generosidad, Rubinstein tenía en sus manos la partitura piano de una obra orquestal de Chaikovski, La Tempestad, que procedió a tocar. La suerte financiera estaba echada, pero no en la dirección que Rubinstein pretendía. No el Conservatorio, sino la música de Chaikovski se convirtió en el gran entusiasmo de von Meck. Escribiendo al compositor, le dijo: "Durante varios días después de escuchar su Tempestad, estuve en un delirio del que no pude salir".
Ese fue el comienzo de una relación poco común. Durante 13 años, Nadezhda von Meck contribuyó generosamente a las escasas arcas de Chaikovski, pero, aunque su gratitud era enorme y su correspondencia copiosa, ambos nunca se conocieron.
En 1878, le escribió sobre su Sinfonía No. 4 con una elaborada explicación de su proceso de composición y luego una discusión sobre "nuestra" sinfonía, como se refería a la obra, que dedicó "a mi mejor amigo".
"En 'nuestra' sinfonía hay un programa, es decir, me es posible esbozar con palabras lo que intenta expresar, y a ti, sólo a ti, puedo comunicarte el significado del conjunto, así como de las secciones separadas. La introducción contiene el germen de toda la sinfonía: el destino, la fuerza fatal que impide que nuestros esfuerzos por alcanzar la felicidad tengan éxito".
En el segundo movimiento, Chaikovski se retira a una de sus introspecciones más conmovedoras. Un solo de oboe canta lúgubremente: "Un sentimiento melancólico te invade. Estás triste porque ya ha pasado mucho". El posterior retorno de este tema en el fagot con figuraciones en las cuerdas es un momento mágico y sin aliento.
Para uno de los episodios más congraciadores del canon de Chaikovski, no hay que buscar más allá del Scherzo, que "no expresa ninguna sensación definida". El material en pizzicato es uno de los esplendores de la literatura orquestal, y más tarde, la combinación de la contrastante sección central con el tema en pizzicato añade un enorme encanto al estimulante deslumbramiento.
En el Finale, en el que incluye un retorno del motivo del Destino, Chaikovski saca todo el partido emocional, con toda la exageración y los excesos que ello implica. "Si no puedes descubrir motivos de felicidad en ti mismo, mira a los demás. Sal con la gente. Mira qué bien se lo pasan entregándose a la alegría". Para transmitir el espíritu de "la gente", Chaikovski introduce una melodía folclórica rusa, y añade otra dimensión a los ya amplios límites de la partitura. Cabe señalar que la letra de la melodía folclórica es cualquier cosa menos alegre y refleja el temperamento adusto de Chaikovski más que al pueblo "entregándose a la alegría". -Orrin Howard