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El Bardo

De un vistazo

  • Compuesto

    1913; 1914
  • Longitud

    unos 7 minutos
  • Orquestación

    2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, clarinete bajo, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, timbales, percusión (bombo, tam-tam), arpa y cuerdas

Sobre esta pieza

Los poemas sinfónicos de Sibelius se sitúan, junto con sus sinfonías, entre sus mayores creaciones, como vívidas contrapartidas pictóricas de las sinfonías, de concepción más abstracta. O quizá sería mejor decir que los poemas sinfónicos y las sinfonías están entrelazados, tanto cronológica como contextualmente; son las dos caras de una misma moneda estética. Los poemas sinfónicos abarcan toda su carrera creativa, desdeEn Saga en 1892 hasta Tapiola en 1927, y están tan rigurosamente y audazmente formados como las sinfonías, que a su vez están tan profundamente impregnadas de inspiraciones extramusicales de mitos y naturaleza como los poemas, aunque rara vez de forma tan explícita.

El Bar do se mantiene un poco apartado pero también en el corazón de esto. Un pivote central entre los estilos tempranos y tardíos y una fusión de descripción subjetiva y forma objetiva, es el más corto de los poemas de tono y el único no inspirado en las leyendas finlandesas del Kalevala o la naturaleza. Fue compuesta a principios de 1913, y como primera pieza orquestal importante de Sibelius después de la profundamente personal y ampliamente incomprendida Cuarta Sinfonía, es una puerta, como la llama el musicólogo James Hepokoski, al período tardío del compositor. El propio Sibelius dirigió el estreno en Helsinki en marzo de 1913; la revisó al año siguiente y dirigió el estreno de esa versión en enero de 1916.

No hay una narración o escena abierta en El Bardo, pero hay un sentimiento muy real de misterio antiguo, y la esencia bárdica es evocada por la parte prominente del arpa. Silencioso y embrujado, el trabajo comienza en la oscuridad amortiguada de un mi bemol menor más alusivo que definido, ya que Sibelius evade cadencias tónicas y difunde la tonalidad con inversiones y acordes de séptima. Los temas y los motivos son más gestuales que melódicos; acordes ascendentes y descendentes en el arpa, reflejados en un crujido más rápido en las violas.

La segunda mitad de la pieza es más animada y alcanza clímax estridentes, pero sin disipar la sensación de introspección melancólica. Al final, el arpa recuerda brevemente el inicio, y este solemne rito —¿un servicio conmemorativo por el bardo?— llega a un consuelo en mi bemol mayor. — John Henken

Próximos Eventos

Steven Banks
nov y 15 nov de 2026

Viernes por la noche: 3, Domingos por la tarde: 1

La Cuarta sinfonía de Chaikovski

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