Sinfonía No. 1
Sobre esta pieza
Étienne-Nicolas Méhul (1763-1817), cuyo nombre probablemente se encuentre hoy en día con la mirada perdida, fue una figura creativa muy respetada e influyente en su época y durante varias décadas.
Las referencias a sus logros surgen con una frecuencia tentadora en relación con Mendelssohn, quien tenía en muy alta estima la música orquestal y las óperas de Méhul y programó la Sinfonía No. en sol menor durante tres de sus temporadas como director de orquesta la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig. Carl Maria von Weber admitió haberse inspirado en las innovaciones de Méhul en materia de orquestación y armonía para desarrollar las suyas propias, de mayor alcance. Los escritos críticos de Robert Schumann contienen varias menciones elogiosas, mientras que el estudio que Wagner realizó de la ópera de Méhul José en Egipto (1807), con «su estilo noble y sencillo» (Wagner), le sirvió de guía para crear la que él consideraba su primera ópera madura, Rienzi (1838).
Los años de gloria de Méhul en su Francia natal llegaron con la Revolución. Más tarde, Napoleón Bonaparte se contaría entre sus mecenas, encargándole varias obras a gran escala, entre ellas una partitura para conmemorar a la vez la victoria del líder supremo en la batalla de Marengo (jun ) y la caída de la Bastilla (jul de 1789), para su interpretación en la iglesia de Los Inválidos. El resultado fue el *Chant national du 14 juillet 1800*, para coros múltiples, arpas y trompa solista, que «por su uso de efectos concebidos espacialmente… es un antecesor notable del *Réquiem* de Berlioz, escrito para ser interpretado en el mismo edificio» (*The New Grove Dictionary of Music and Musicians*). Cabe señalar, asimismo, que Méhul fue uno de los primeros miembros de la Legión de Honor y miembro fundador del cuerpo docente del Conservatorio de París.
En prácticamente todas las biografías se menciona a Méhul como el primer compositor importante de Francia que se interesó por la orquestación, por ejemplo, en su uso del violonchelo en los registros agudos (en lugar de limitarse a aportar la línea de bajo) y en el empleo de cuerdas subdivididas y notas de trompa con sordina. David Charlton, en su artículo de la Grove, señala además que «el uso que Méhul hacía de la armonía… podía resultar llamativo y original… Al explorar nuevos tipos de modulación, podía mostrarse tan obstinado como Beethoven; al igual que Beethoven, también recurría a veces a disonancias fuertes y de gran potencia».
Las últimas sinfonías de Mozart, sobre todo la obra en sol menor, K. 550, proporcionan una plataforma de lanzamiento para las cinco sinfonías de Méhul, de las cuales la nº 1, también en sol menor, es sin duda la más fascinante. Y no cabe duda de que Méhul pasó tiempo estudiando las primeras obras de Beethoven.
Schumann se preguntaba si Méhul, al escribir esta sinfonía, había estado escuchando a Beethoven o al revés. En el tercer movimiento de la obra de Méhul, el empleo de pizzicatos de cuerda (extremadamente raro en las obras orquestales de la época) sugiere los pizzicatos del scherzo de la Quinta Sinfonía de Beethoven, mientras que el tema principal del Finale de Méhul recuerda ineludiblemente al primer movimiento de la Quinta de Beethoven.
La noción de robo es interesante, y los teóricos de la conspiración, amantes de lo ajeno, afirman que el gran matón Beethoven fue el ladrón. Sin embargo, la teoría no se sostiene: las dos sinfonías se escribieron al mismo tiempo, en 1808, y no se publicaron hasta el año siguiente.
La extraordinaria coincidencia y ciertas ideas que flotaban en el aire musical de la época, ideas que muy probablemente no inventaron ni Méhul ni Beethoven, y que fueron arrancadas por ambos, son las únicas explicaciones sostenibles, aunque poco esclarecedoras, de este fascinante misterio musical.
Herbert Glass, columnista y crítico del *Los Angeles Times* entre 1971 y 1996, colabora habitualmente con las revistas *Gramophone* y *The Strad*. Es el encargado de redactar las notas explicativas en inglés para el Festival de Salzburgo.
DETALLES:
Estas son las primeras interpretaciones de la Filarmónica de Los Ángeles.
Instrumentación: 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompas, timbales y cuerdas.