La Séptima de Beethoven
¿Quién necesita decir «alegría» cuando la música de Beethoven te la hace sentir?
¿Para qué sirve la música, exactamente? ¿Por qué, por ejemplo, hay personas —inteligentes y con talento— que dedican su vida a rasgar una cuerda de tripa?
Por supuesto, en estos tiempos difíciles, la capacidad de la música para reconfortar y crear vínculos es incuestionable. Pero antes de Beethoven, la música corría el riesgo de ser considerada nada más que un glorioso ruido de fondo para banquetes y bailes, o como acompañamiento del culto en una catedral. Si tenía un carácter íntimo, era como algo que se tocaba en privado entre amigos y familiares en el hogar.
Beethoven cambió eso por completo: sacó la música de la iglesia, del salón de baile y de los salones de la alta sociedad, y la hizo pública. Para Beethoven, la música era a la vez democrática y vital. La música estaba ahí para conmover, para exultar, para asustar si era necesario, pero sobre todo para conectar con la vida y con este mundo. Su Sinfonía «Eroica» fue, en parte, una oleada de entusiasmo radical por la Revolución Francesa; su Quinta irrumpe con notas iniciales de desafío; y su Novena es una expansión profunda y experimental de la sinfonía hacia todo un mundo de sonido que reitera su compromiso con la armonía humana. Beethoven dedicó toda su vida a demostrar que la música importaba.
A pesar de todo esto, la Séptima sigue siendo mi sinfonía favorita de entre todas las que compuso, quizá porque no persigue ningún objetivo concreto. No trata sobre nada, salvo, creo, sobre Beethoven deleitándose en su propia creatividad. Empieza con bastante seriedad, pero el compositor no es capaz de mantener esa seriedad más allá de los tres minutos. A partir de ahí, todo es maravilloso: un ritmo enérgico, casi de baile, y un impulso excéntrico. Incluso una marcha fúnebre en el segundo movimiento empieza a volverse juguetona, y la única palabra que se me ocurre para describir el movimiento final, gloriosamente loco, es «embriagador». La Séptima se deleita en sus propios sonidos festivos. Tras todos sus esfuerzos por compartir las profundas y poderosas consecuencias de la música, quizá Beethoven quisiera relajarse aquí y demostrar otra gran verdad: que la música es maravillosa cuando simplemente es música.
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Biografía del autor: Armando Iannucci es un guionista y presentador que ha escrito, dirigido y producido numerosos programas de comedia para televisión y radio aclamados por la crítica. Su guion para la película *In the Loop* fue nominado a un Óscar, y su emblemática serie parala BBC —*The Thick of It*— fuenominada a 13 premios BAFTA, de los cuales ganó 5 a lo largo de sus cuatro temporadas. La comedia de Armando para HBO, *Veep*, ha cosechado numerosos premios, entre ellos cuatro premios Emmy a la mejor serie de comedia en los últimos cuatro años, y su adaptación cinematográfica de *David Copperfield*, de Charles Dickens, se estrenó en enero de 2020 y ganó el premio al mejor largometraje en la gala de los premios BIFA de 2020. En 2017 publicó *Hear Me Out*, un nuevo libro sobre música clásica, y estrenó el largometraje *La muerte de Stalin*, que fue nominado a dos premios BAFTA y ganó el premio a la mejor comedia en los Premios del Cine Europeo. Su última serie de HBO, *Avenue 5*, protagonizada por Hugh Laurie y Josh Gad, se emitió en SKY a principios de este año, y ya ha comenzado a escribir la segunda temporada.
Lista de reproducción: GUSTAVO DUDAMEL BEETHOVEN
Dicen que, para ser un gran escritor, hay que leer muchos libros. Algunos escritores llegan incluso a volver a escribir a máquina las páginas de sus libros favoritos para comprender las decisiones que tomó el autor. Los directores de orquesta también necesitan esos puntos de referencia que les sirvan de inspiración, así que, ¿a quién recurre Gustavo Dudamel? Le hemos pedido a nuestro director musical y artístico que comparta con nosotros algunas de las grabaciones históricas de Beethoven que más admira, así como una especial de su propia autoría.
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